Una disonancia cognitiva es una desarmonía interna debido a pensamientos, creencias y emociones que entran en conflicto.

Este blog es una recopilación de mis entradas de diario del máster. No pretende describir las materias ni dar información sobre los contenidos o los procesos, sino simplemente reflejar los pensamientos que acuden a mi mente y que a veces pueden producir ciertas disonancias que espero que me sirvan para crecer como profesional y como persona.

Si no se entiende lo que escribo, da igual. Muchas veces no me entiendo ni yo.
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martes, 18 de febrero de 2014

De esencia a esencia

En una charla titulada "Educar empoderando", Carlos González comienza con unas palabras que me gustan mucho. Nos señala que si bien antes la educación se basaba en una "presencia y atención a la fuerza", ahora hay que destacar una educación que dé importancia de la "presencia" del yo, la presencia como un yo voluntario y lleno, con algo que ofrecer, creador, un yo desde la abundancia y no un yo como estado de necesidad del ego.
Destaca que el verdadero encuentro educativo se produce de presencia a presencia y, de manera más profunda, de esencia a esencia.
Eso me suele pasar en las clases de Miguel Ángel. A lo mejor me pasa solo a mí, pero me pasa.
Escucho, escribo, miro la pizarra, las proyecciones, tomo apuntes, comento con mis colegas de al lado..., pero lo que me queda es otra cosa. No es tanto la teoría, ni los contenidos, ni la práctica, ni las opiniones, ni los debates, casi ni siquiera sus hermosas historias...
Es la esencia. Percibo su esencia y siento que tengo la mía. Y no me hace falta nada más.

jueves, 6 de febrero de 2014

Un precioso regalo

En la última sesión, Miguel Ángel Santos Guerra, nuestro "regalador de historias", me obsequió con un tesoro que guardaré como oro en paño: Un punto.
Especifico: Un folio blanco con un pequeño punto que él mismo dibujó en el centro.
A la pregunta de: "¿Qué ves?" tendemos a responder: "Un punto".
"¿Y por qué no veis el folio?", nos dice Miguel Ángel. "Lleváoslo, lo ponéis en el aula y no olvidéis nunca de ver el folio entero en lugar de fijaros solo en el punto. Con las personas es igual. No os quedéis con la mancha, sino con todo el folio".
Le pedí una dedicatoria para mi folio. Voy a comprar un marco y lo voy a poner en mi clase. Para que no se me olvide.

sábado, 11 de enero de 2014

De sobres misteriosos y cajas de galletas

La primera clase con Pilar la terminamos con la intriga de lo que contendrían unos sobres que trajo. Sabemos que contienen mensajes para reflexionar y crear dinámicas de comunicación, pero no tuvimos ocasión de abrir el primero. Llevaba una ristra de ellos. Nos faltó tiempo.
La Formación del Profesorado es un tema que siempre me ha interesado: Por el camino que hay que recorrer, por las vías que se pueden utilizar, por las motivaciones y/o el interés que puede suscitar, por su necesidad, por su utilidad, por las formas en que se puede realizar, por la diversidad de maneras en que todos los que nos dedicamos a la docencia intentamos aprender -los que lo hacen-, por lo que puede suponer para tu cambio personal y profesional, etc.
3 elementos básicos forman parte de la formación del docente: Teoría, práctica y personalidad. En esta primera clase salieron a relucir nuestras prácticas y nuestra personalidad. Hablamos sobre la realidad con la que nos encontramos y mostramos cómo nos enfrentábamos a ella. Sobre todo mi querida compañera Irene. Andábamos ese día con ganas de desahogarnos. O quizás fue Pilar quien dio pie, puede ser.
Al terminar la clase, parecía que faltaba la tercera parte: La teoría. ¿Y los sobres? ¿Y la dinámica? ¿Y todo lo demás que parecía que había programado para la clase y que no dio tiempo a ver?
Y con gran acierto nos comentó Pilar que si no nos había parecido suficiente todo lo que habíamos tratado. Las lecturas y conclusiones a las que podíamos llegar tras las manifestaciones que habíamos hecho escuchando más allá de la simple anécdota. Y la primera de ellas: Aprendemos unos de otros. Evidente pero siempre sorprendente. Nunca sabes qué puedes aprender de tus compañeros. Como decía Santos Guerra, todos venimos a clase con una caja de galletas.  Yo me imagino una caja como las galletas Cuétara, de diversas formas y sabores, cada uno trayendo la suya en una edición única y especial, y nosotros escogiendo las galletas que nos ofrecen y que más nos atrayesen. Todos compartiendo nuestra caja con los demás.
Al igual que nosotros, Pilar traía también su caja de galletas, y unos sobres. Tengo ganas de abrir esos sobres, a ver qué ponen. Y ver qué galleta puedo escoger.

miércoles, 8 de enero de 2014

Evaluación con Miguel Ángel Santos Guerra

En esta entrada quería hablar de la primera clase con Miguel Ángel Santos Guerra. Quería decir que había encontrado un trovador con alma de educador, o un educador con alma de trovador. Con Miguel Ángel el orden de estos factores no altera el producto. No es que cante ni toque la mandolina pero lo que sale por su boca es pura poesía.
Quería hablar sobre la primera clase, sobre cómo casi se me saltan las lágrimas de emoción -soy muy sensible, por no decir llorona, lo sé- durante la primera media hora. Sobre la capacidad que tuvo en su clase de llegarme al corazón. Sobre la manera en que, sin quererlo, salté mostrando bastante enojo por el sistema en el que estamos sumergidos. Sobre los inicios de un módulo que girará en torno a un concepto tan confuso, nebuloso, indeterminado, comprometido... como es la Evaluación.
Quería hablar de la genial forma de comenzar comparando la percepción colectiva del concepto de Evaluación comparándolo con la percepción colectiva del concepto de una silla. De cómo cada uno de nosotros nos presentamos y hablamos de nuestras inquietudes sobre el tema, y nuestros intereses sobre las diferentes evaluaciones: personal, del alumnado, de instituciones o del sistema. De las necesidades que veíamos en nuestro quehacer diario los que trabajamos y en lo que ven desde fuera aquellos que no han tenido la oportunidad de hacerlo: de la necesidad de usar el paradigma cualitativo, de la plasmación en la práctica diaria de una forma coherente, de la coordinación entre profesionales a la hora de evaluar, de la necesidad de armonía de concepciones sobre evaluación en un mismo equipo educativo, y de muchas más cosas.
Quería hablar de las esperanzas que tengo en este módulo del máster, del cambio que está generando en mí todo el máster en general y de lo que está suponiendo tanto a nivel profesional como personal.
Pero al entrar en la plataforma para escribir, irónicamente, lo que me ha surgido a la mente es:
¿Por qué no nos hemos aclarado hasta última hora para saber a qué hora empezaba este módulo? Resulta que Miguel Ángel vino a clase con casi tres horas de antelación.
¿Por qué estamos debatiendo entre los alumnos para aclarar los requisitos para hacer un doctorado, que no aparecen de forma clara, o al menos, nosotros no llegamos a averiguar con facilidad?
¿Por qué hablamos mucho de las ganas de aprender pero en el fondo todos nosotros (o al menos esa es mi impresión, soy sincera) tenemos ganas de obtener la mejor nota?
Que por cierto, una cosa no quita la otra. Se puede aprender y sacar muy buenas notas. De hecho, irónicamente, quien saca mejores notas y muestra cierta brillantez es quien accede a un doctorado ¿no?
Y esto puede llevar a otra pregunta: ¿para qué queremos el doctorado? ¿para aprender? 
¿Qué queremos realmente? ¿qué quiere la Universidad? ¿qué quieren sus profesionales? ¿qué quiere la sociedad? ¿qué puede hacer por la sociedad? 
Y vuelvo al inicio ¿el sistema universitario se evalúa a sí mismo de una forma objetiva? ¿los profesionales se evalúan y evalúan de forma adecuada?
Ahí lo dejo.